Visual Merchandiser. El Origen.
Dicen, que el primer visual merchandiser de la historia fue el diablo, que en forma de serpiente, consiguió tentar a Eva con una simple manzana…
Pero
vayamos al grano…
Todo
empieza con la revolución industrial, al
mecanizarse los procesos, se
produce más y más barato y ¡boom! el comercio se transforma, aparecen los
escaparates y los grandes almacenes, se saca a la calle el producto, VER PARA VENDER es el
nuevo lema, se explota el deseo, el diablo nos visita de nuevo...
Los primeros Grandes Almacenes “Le Bon Marché” en París, llegan a mediados del siglo XIX, de manos de Aristide Boucicaut .
“El Creador del Mercado
Moderno” diseña un edificio donde poder comprar todos los productos bajo un mismo
techo. “Una ciudad dentro de la ciudad”.
Renueva el concepto “ir de compras” dentro de la sociedad contemporánea y se dirige a todas las clases sociales. Ya no se compra sólo por necesidad, sino por como te sientes cuando compras, era una forma de adquirir el status de una clase social superior.
Renueva el concepto “ir de compras” dentro de la sociedad contemporánea y se dirige a todas las clases sociales. Ya no se compra sólo por necesidad, sino por como te sientes cuando compras, era una forma de adquirir el status de una clase social superior.
Boucicaut triunfó
por sus propuestas innovadoras como las
rebajas, el envío a domicilio o la
venta por correo.
Se inspiró para el diseño del edificio en
uno de los proyectos de la Exposición Internacional de 1855
y le puso la guinda con varios ascensores. Añadió al negocio
un buffet y periódicos gratuitos, para entretener
a los maridos, y para los niños, repartían globos . Era un punto de encuentro, un lugar para ver y ser visto, en el
que todo podía conseguirse sin salir de la tienda. El espacio era completamente innovador y revolucionario. Sin mostradores,
con libre circulación, cualquier producto se podía coger, tocar, probar…


Un
tal Mr. Selfridge, fue el
responsable de crear el lenguaje del visual merchandising.
Construyó un edificio de
cinco plantas, con sala de lectura y restaurante, además de iluminar los
enormes escaparates, cuando se hacía de noche y la tienda estaba cerrada, para
que el público pudiera ver los productos a todas horas. Incluso llevó a uno de
sus escaparates el avión con el que Louis Blériot hizo un aterrizaje forzoso en
un campo abierto cerca de Kent, después de atravesar el Canal de la Mancha.
Cincuenta
mil personas hicieron cola para verlo aquel día. No está nada mal, ¿verdad?
En
los años 20, el mundo del arte y la moda derrochaba creatividad y una vez más, en París, hubo una revolución.
En respuesta a la frustración de los artistas que veían como sus cuadros sólo podían ser
contemplados por personajes ricos y famosos, decidieron presentar su talento al
gran público. Los grandes almacenes parisinos se llenaron de temas inspirados
en el Art Déco y los diseñadores de moda encontraron una innovadora y
estimulante pasarela estática donde mostrar sus creaciones.
Los grandes almacenes de la Quinta Avenida de
Nueva York siguieron el ejemplo de Europa. En los años 30, Salvador Dalí
desarrolló los primeros escaparates creativos en Estados Unidos para la tienda
Bonwit Teller, a los que llamó “Narciso”.
Otros
artistas en el inicio de sus carreras trabajaron como escaparatistas.
Andy
Warhol empezó en las tiendas de Nueva York cuando aún iba a la universidad.
Jasper Johns, Roy Lichtenstein, James
Rosenquist y Robert Rauschenberg trabajaron en este campo en los 50.
El
arte en la calle toma una nueva dimensión.
A medida que la moda se alejaba de la alta
costura para exhibirse en la calle y que evolucionaban nuevas tendencias sociales,
los diseñadores empiezan a explotar al máximo los escaparates.
Pierre Cardin, Mary Quant y
Vivienne Westwood son solo algunos de los modistos que gritaron sus mensajes a
través del vidrio.
En los años 60 Terence Conran,
figura
clave de la decoración moderna, inaugura Habitat, En su primera tienda, unas
pareces totalmente blancas creaban una sensación de espacio que fue toda una revelación
para sus clientes. Cambió el modo de decorar las viviendas de sus
compatriotas ofreciendo diseño inteligente al alcance de todos. El éxito es tal,
que pronto abre nuevos locales por todo el país y en todo el mundo –en 1991
abandona el grupo, que dos años después pasa a manos de Ikea.
En
los 80, los dueños de los comercios
empiezan a cuestionar la cantidad y calidad de esos departamentos que no
generan ningún beneficio y piden a los escaparatistas que rediseñen
de
forma creativa el interior de la tienda; así nace la figura del visual merchandiser que conocemos hoy. Los VM
empiezan a diseñar las tiendas usando el
lay out como herramienta de venta, creando puntos flexibles donde trabajar la
vitalidad, empiezan una vez más a
provocar, a sorprender, a impactar.
Había nacido un nuevo léxico comercial y
pronto el interior de las tiendas tuvo el mismo brillo que los escaparates.
El
desarrollo tecnológico en la década de los 90, así como el nacimiento de
supermarcas como Gucci y Prada, convirtió los escaparates en máquinas
propagandísticas. Con enormes presupuestos de marketing, estas grandes marcas
llevaron a cabo masivas campañas de publicidad en las que aparecían los rostros
y los cuerpos más deseados del mundo
En el
siglo XXI, el reto de la tienda tradicional es internet. Comprar desde casa no
sólo es más cómodo sino también más
barato. Las tiendas están más presionadas que nunca para conseguir que el
cliente les visite y compre, por lo que el visual merchandiser es una pieza
esencial para lograr atraer y retener su atención. Crear experiencias únicas en cada visita, la busqueda de emociones y una vitalidad casi semanal, son la clave.
Y
cómo en la moda, en la arquitectura o en el diseño, todo vuelve, volvemos a ver el
trabajo de artistas y diseñadores
contemporáneos en los escaparates mas innovadores, como en la tienda Ikea de la
calle Serrano donde por ejemplo el año
pasado presentó escaparates diseñados por Ricardo Cabolo, María Escoté, Teresa
Sapey…
Así
que salgamos de compras porque ¿quién sabe lo que nos encontraremos la próxima
vez? Un avión, una obra de arte transgresora de algún artista incipiente o
incluso, si tenemos un poquito de suerte, al
mismo diablo compartiendo una deliciosa manzana en el escaparate...























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